sábado, 26 de enero de 2013

Isabel Cienfuegos: “No sé si el ser humano está más conformado por células o por historias”

Isabel Cienfuegos (Madrid, 1954) es neumóloga y escritora, profesiones ambas que en su caso se complementan para aportarle una visión particular de la vida que se plasma en su escritura. Escribe desde los trece años y siempre ha sido una lectora voraz. Alumna desde hace bastante tiempo de los Talleres de Escritura Creativa de Clara Obligado, ha publicado varios cuentos en antologías y revistas. Mañana los amores serán rocas es su primer libro en solitario. En esta entrevista nos habla de sus referentes literarios, de su amor por la literatura y de las emociones que despertó en ella el tener entre las manos su primer libro.

Entrevista de María Dolores García Pastor.

Lleva muchos años escribiendo y ha publicado algunos de sus relatos en revistas y antologías conjuntas, ¿qué se siente al tener en las manos su primer libro en solitario?

—Ver el libro editado me emocionó muchísimo. Conocía la portada en imagen, había visto el texto en PDF, pero el “objeto libro” es algo más: un tacto, un peso, el grosor de las páginas, el tamaño, los colores de la imagen, el tipo de las letras, hasta el olor. Todo me sorprendió agradablemente, a pesar de conocer el cuidado y la calidad con la que edita Cuadernos del Vigía. Por otro lado tuve una sensación de extrañeza, de desconocimiento, como si no fuese mío, como si me regalasen un libro ajeno. Al parecer es algo que sienten muchos autores, y quizá tenga que ver con que los textos publicados, de alguna forma, se independizan del autor. Y también lo he vivido como la confirmación de un compromiso con la escritura, una especie de salvoconducto para dedicarme a ello de una manera más intensa.

Contaba en la presentación de Mañana los amores serán rocas que desde siempre ha mantenido una relación muy especial con la literatura como lectora pero, ¿cuándo empezó a escribir?

—Empecé a escribir de una forma habitual hacia los doce o trece años. Cuentos, poemas, notas personales, y también pequeñas obras que representaba para mis hermanas en un teatro de títeres que era uno de mis juguetes preferidos. Desde entonces he escrito de forma habitual, aunque mi compromiso con la literatura aumentó desde que entré en contacto con Clara Obligado y su taller y con la publicación de mis primeros cuentos en antologías y revistas.
¿Qué es para usted la escritura?

—Para mí la literatura es el territorio del placer. El placer de entrar en historias distintas de la propia, de conocer el mundo y lo que somos, de comunicarnos con otros más allá del tiempo, el espacio o las barreras culturales, manteniendo una conversación personal, íntima muchas veces. También el placer del sonido y el ritmo de las palabras, de la construcción del texto, del tejido de significados. Incluso el objeto libro, como ya he dicho, es fuente de placer. Leer me permite acceder a estos placeres que otros han preparado para mí. Escribir es, además, el placer de encontrar la historia y la manera en que va a ser contada. Y publicar, el placer de poder participar un poco más en esta conversación que es la literatura.
Es usted escritora pero también es médico, como dice uno de sus personajes “no está reñido lo literario con la ciencia”. Pero, ¿qué cree que aporta, en su caso, la medicina a la literatura y viceversa?

—Mi vocación por la medicina nace, lo mismo que la vocación literaria, de la extrañeza, de la necesidad de explicar lo que somos, lo que nos ocurre a los seres humanos. Para mí estas dos vocaciones no solo no han sido antagónicas, salvo por el hecho de que exigen las dos mucho tiempo, sino que se complementan de una manera que me es difícil explicar. Me produce un intenso placer ver la parte metafórica y narrativa de las explicaciones científicas. Y, después de muchos años de ejercicio de la medicina, no sé si el ser humano está más conformado por células o por historias.
 
¿Qué va a encontrar el lector en Mañana los amores serán rocas?

—Mañana los amores serán rocas es un libro de cuentos. Cuentos que tratan del amor y de las trasformaciones del amor. Se habla de diferentes tipos de amor. Amor maternal, erótico, amor a la manada, a la ciencia, amor que quiere trasformar a otro o amor de amigo. El libro tiene una secuencia temporal. El orden de los cuentos va desde la infancia hasta las edades maduras que contemplan el final de la vida. El único relato que no sigue la secuencia temporal ascendente es el primero, que cuenta la historia de una persona joven, narrada en presente y que trascurre en la época actual. Éste es un relato del ahora, pero con un guiño temporal hacia atrás, a Tiempo de silencio, de Martín Santos que dialogaba a su vez con El árbol de Ciencia de Baroja, ambos médicos, por cierto.
Se mueve usted muy bien en las distancias cortas, relato y microrelato, ¿qué tiene la ficción breve que le gusta tanto?

—Cada historia pide su forma. Pero es cierto que la ficción breve tiene algo especial. Cuenta con que cada frase y a veces cada palabra le trae al lector otras historias y más de un significado, lo que permite narrar con muy poco texto. Así que hay que elegir muy bien. Es como un puzzle endiablado en el que entran también, y a veces sobre todo, los silencios. Al hacerlo se tiene que mirar con mucha atención cada palabra/pieza antes de colocarlas. Se piensa mucho en ellas, se las acaba conociendo mejor y cogiendo más cariño si cabe. Y cuando se encuentra el lugar en el que multiplican su capacidad de contar, hay un placer muy especial. Tanto, que es un poco adictivo, puede convertirse en una obsesión, como dicen que les ha pasado a un grupo de escritoras actuales que se autodenominan “microlocas”
 
¿Ha pensado alguna vez embarcarse en una novela?

—De momento sigo escribiendo relatos, aunque la extensión de cada uno de ellos es diferente según lo que se quiere contar. No descarto que alguna vez esto requiera un formato más largo.
¿Por qué eligió como título ese verso de Lorca?

—El título forma parte de un verso de Lorca del poema Oda a Walt Withman, insertado en una estrofa que cito: Puede el hombre, si quiere, conducir su deseo / por vena de coral o celeste desnudo. / Mañana los amores serán rocas y el Tiempo / una brisa que viene dormida por las ramas. Esta estrofa, de una belleza sobrecogedora, y que me ha acompañado a lo largo de mucho tiempo, se me impuso mientras estaba finalizando el libro, como si hablara de él en su conjunto y lo resumiera con la inigualable capacidad de nombrar que tienen los buenos poetas. Y el núcleo, de lo que hablaban los cuentos, estaba ya dicho en esas palabras que he tomado prestadas para el título y que son también un homenaje, y la expresión de cómo la literatura es una conversación interminable.

Se nota en su escritura que es una gran lectora, ¿nos podría decir cuales han sido sus autores de referencia, aquellos que cree que han marcado su obra?

—Creo que todo lo que se lee marca de una forma u otra. Levis Carroll y su Alicia y el Robinson de Defoe me sedujeron muy pronto metiéndome en el otro lado del espejo y, con Kipling, llenaron mi infancia de historias. Cervantes, Quevedo, Baroja y Valle-Inclán me llegaron en el colegio junto a Tolstoi, Flaubert, Turguénev y Chéjov que se ha quedado lo más a mano posible. A Martín Santos también lo leí por primera vez entonces y lo he releído con asombro más tarde. Proust me deslumbró desde la primera juventud y le he frecuentado toda la vida. Luego vinieron las Brontë y Poe, Rulfo, Arlt, Cortázar, Borges, Virginia Woolf, Colette, Nabokov, Henry Miller, Mercè Rodoreda, les Marguerites (Duras y Yourcenar), Calvino… Y desde luego Cervantes; en el Quijote está casi todo y no se puede encontrar a la primera, hay que volver de vez en cuando. Pero también les debo muchísimo disfrute a Irene Nemirovsky y Natalia Ginzburg, Capote, Carver, Bowles, Kavafis, que es un poeta muy narrativo, Flannery O'Connor, Sylvia Plath, Carson McCullers, Dorothy Parker, Clarice Lispector… Siempre he sido muy ecléctica. Últimamente estoy fascinada por Coetzee, Alice Munro y Bolaño. Y desde luego seguro que también me han influido Clara Obligado y algunas compañeras del taller como Carmen Peire y Carola Aikin con quienes tengo mucha complicidad, y escritores actuales que admiro como Andrés Ibáñez, Julián Marías, Monzó, Neuman, Merino, Tizón, Ana Mª Shua, Brasca, Muñoz Rengel, Paul Viejo, Jesús Ortega y Óscar Esquivias… Y seguro que me dejo alguno que recordaré luego. Todos ellos me han proporcionado muy buenos ratos y muchísima envidia sana, de la que vale para tomar nota y aprender.

Cuando una acaba de leer su libro se queda con ganas de más, ¿tiene algún nuevo proyecto en vistas?

—Sí, de momento sigo escribiendo relatos. Y creo que se están reuniendo. Igual tienen intenciones comunes, y se juntan, y forman otro libro. No me extrañaría nada.

jueves, 10 de enero de 2013

José Vicente Pascual: "Toda esa tramoya no me interesa en absoluto"

José Vicente Pascual (Madrid, 1956), novelista con más de tres décadas en activo, luce en su historial premios como el Azorín, el café Gijón, o el Alfonso XIII, habiendo sido también finalista del Nacional de Narrativa. Entre sus títulos a destacar, La montaña de Taishán (1989), Palermo del cuchillo (1995), Juan Latino (1998), El país de Abel (2002), Homero y los reinos del mar (2009) y Los fantasmas del Retiro (2011).

¿Qué razones históricas, literarias o de índole personal te han llevado a prescindir en tu novela de la Alhambra y preferir esta Granada que depende de Sierra Nevada?
—En La hermandad de la nieve intento contar y explicar el difícil, apasionante siglo XVI en el antiguo reino de Granada, una ciudad y un territorio que en la práctica no conocieron la edad media cristiana y que pasaron directamente del Islam como única visión del mundo al catolicismo de la época, con sus luces renacentistas y sus sombras integristas. Aquel “experimento” de convivencia entre cristianos y musulmanes acabó con una espantosa guerra civil (1568) en la que volvió a discutirse la hegemonía de poderes en el Mediterráneo, y con la posterior expulsión de los moriscos (1609). Para el desarrollo del argumento y la acción sobran estereotipos y lugares comunes. El mito del paraíso perdido nazarí es eso mismo: un mito que puede dar de sí para cierta literatura encandilada por el exotismo, pero de nada servía para mi novela. Los cuentos de la Alhambra de Irving son una delicada obra literaria, desde luego; pero son cuentos. Los casi 120 años de convivencia entre el Islam y la civilización cristiana en Granada no son ningún cuento sino una realidad histórica que merece ser tratada como tal, por lo que significó y por lo que podemos aprender de la experiencia.

Tus protagonistas son gente del común, pertenecientes a un gremio donde sus miembros se protegen solidariamente y en el que trabajan en condiciones muy duras, donde tiene también gran importancia la familia, por eso tu novela, además de entretener, ¿pretende defender ciertos valores?
—La novela está protagonizada por una saga familiar de neveros, gente que se ganaba la vida transportando nieve y hielo desde Sierra Nevada a la ciudad. El suyo era un trabajo duro que requería determinación, voluntad de ser y de permanecer. He querido ofrecer una visión de aquella época desde la perspectiva de la gente del común, los que vivían por sus manos, por dos motivos. Primero, porque aquellos conflictos políticos e ideológicos eran expresión, en última instancia y como siempre, de la lucha de clases: los ricos empeñados en serlo más todavía y los pobres en sobrevivir. Y segundo: porque la historia entendida como un asunto de intrigas palatinas, vibrantes hechos de armas, apasionados romances entre aventureros y princesas y toda esa tramoya no me interesa en absoluto. Me importa interrogarme por qué las familias nazaríes más pudientes se convirtieron al catolicismo con toda pompa en 1492; por qué siguieron siendo dueños de Granada y estaban encantados por haber cambiado de fe y conservado la bolsa. Las peripecias de los reyes que lloran por el Edén perdido y las sultanas de ojos cautivadores que estragan el corazón de rudos caballeros cristianos quedan bien para novelas de marujeo, pero un servidor, en su modestia, carece del mínimo talento para escribir esa clase de literatura.

Más de treinta años en la dura y desconocida profesión de escritor, ¿cómo se sobrevive?, ¿por qué y para qué se escribe?
  
—Desde que el panorama literario se convirtió en mercado editorial, dejó de tener interés para mí. No tengo ni idea de dónde estamos ni adónde vamos. No me preocupan las penalidades de las pequeñas editoriales ni los tejemanejes de los grandes grupos de comunicación. Llevo mucho tiempo en esto y tengo ya demasiado visto  como para asombrarme de nada. No sé si el futuro del libro está en el formato digital, en el papel o en ningún sitio. Yo sigo escribiendo porque es lo único que sé hacer medio decentemente y porque la literatura es mi vida. Con esas razones me basta. No me sobra porque no carezco de ambición; pero me basta. Este es un oficio solitario por naturaleza, de modo que, como dice el dicho: que cada cual se las arregle como pueda. Siento parecerle antipático pero es que soy granadino. No lo puedo evitar, oiga; ni habiendo nacido en Madrid y viviendo en La Coruña puedo evitarlo.
Respecto a los premios literarios y las grandes promociones editoriales, sólo tengo una prevención: que no se dé gato por liebre; que no se intente engañar a los lectores y se haga pasar la purpurina publicitaria por novelas de grandioso mérito. Aunque al final esas imposturas (casi todas), caen por la fuerza de la gravedad, o sea: por su propio peso y el razonable criterio de los lectores. Le pongo un ejemplo: que un autor especializado en best-sellers de misterio (casi todos inspirados en una película de Alan Parker) venda más libros que García Márquez, me parece estupendo. Pero que no nos vengan con la ocurrencia de que ese autor es como García Márquez. ¡Y de paso como Borges y Eco, nada menos! La publicidad está bien, se venden libros y todo el mundo queda contento. Pero bobadas las justas, por favor.

¿Qué puede contarnos de su próximo libro, seguirá trabajando en otra novela histórica?
—Quiero concluir una saga de historia-ficción donde se integren los elementos legendarios premedievales (con perdón por el terminajo), propios de las culturas germanas y célticas que dominaron el norte de la península ibérica desde finales del siglo IV: el reino suevo de Gallaecia, el reino godo de Tolosa (Aquitania, con influencia preponderante en el norte peninsular), los asentamientos de tribus y estirpes nómadas como vándalos y alanos... Toda esa vertiente histórica no se ha explorado nunca como venero literario en la narrativa española, yo creo que debido a la rápida implantación del cristianismo en la Hispania romana. Pasamos de los autores clásicos hispanorromanos a Los milagros de Nuestra Señora, de Berceo. Sin embargo, pervive un legado sin escrutar de las culturas céltica y noreuropea que merece nuestra atención. Y en ello estoy. De momento llevo escritas un montón de páginas. A ver qué sale...

viernes, 16 de noviembre de 2012

Jordi Sierra i Fabra: "La mayoría de autores no seguimos modas ni tendencias, vamos por libre, escribimos lo que sentimos"

El escritor Jordi Sierra i Fabra es seguramente uno de los autores más prolíficos de nuestro panorama editorial. Ha escrito por ahora más de 400 novelas, muchas de las cuales han sido traducidas a veinte idiomas diferentes y entre sus innumerables premios figura el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. Cada año publica varias novelas y este 2012 nos sorprende con Sólo tú una novela juvenil romántica que nos sumerge en una historia sobre la fuerza del amor entre dos personajes inmersos en los problemas de la industria musical.
Entrevista de Carmen Fernández Etreros
—Sólo tú es una novela romántica en la que el amor entre sus protagonistas es el centro de toda la trama, ¿vuelve el amor a la literatura juvenil después de tantos años de triunfo del fantasy?
—A mí es que siempre me pasa igual. Tengo una idea, la planifico, hago el guión, escribo el libro, y pueden pasar a veces meses o años entre eso y que se publique. Entonces a lo peor aparece en medio de una tendencia y dicen que me he apuntado a ella. O todo lo contrario, no tiene nada que ver, y alguien dice que no estoy al día. ¿Cuándo entenderá la gente que la mayoría de autores no seguimos modas ni tendencias, que vamos de por libre, que escribimos lo que sentimos, cuando lo sentimos y cómo lo sentimos, que no aceptamos encargos, y que es el azar el que determina estos aspectos? Es más: hay algunos autores que somos los que marcamos tendencias, como hice yo hace más de 20 años con mi forma de entender y escribir el realismo. Tengo al menos dos docenas, o más, de ejemplos ilustrativos. Cuando escribí Casting faltaban seis meses para que apareciera la primer Operación Triunfo, la de Bisbal, Rosa, Chenoa, etc. Menos mal que puse la fecha al acabar la novela. Sin embargo al editarse, en plena fiebre “triunfera”, no faltó quien no se dio cuenta de esa fecha y dijo que yo me apuntaba la moda. Hay que tener siempre en cuenta cuando se hacen las cosas. Enmarcar una novela en su contexto temporal es básico.
Sólo tú la estuve planificando en 2007, hice el guión en una playa en Santa Marta (Colombia) en primavera de 2008, la escribí ese año en verano, y se editó en catalán en 2009. Ha tardado 3 años en aparecer en castellano porque a las editoriales les daba miedo que una chica de 17 hiciera el amor, y más con un tipo de 38, así de simple, duro y cruel. Aparece ahora y resulta que como es una novela de amor, estoy en la estela de Moccia y otros (que no he leído). Yo no sé si el amor vuelve a triunfar porque estamos en crisis o porque el fantasy vampírico lo ha puesto de moda o... No tengo ni idea. Soy escritor, nada más. Quería hablar del fin del mundo del disco (que fue mi mundo parte de mi vida) y por eso cree el personaje de Rogelio; quería hablar de un tipo básico de chica que viene a mi casa mucho, inteligente, madura, que ama la música, que sabe un montón pese a ser adolescente, y por eso cree a Beatriz. Y quería hacer una novela gorda, gorda, para explorar a conciencia esos personajes y sus sentimientos, que es lo que he hecho. Disfruté mucho con ese libro, enormemente. Para mí es todo lo que cuenta. Quería explicarlo con pelos y señales y ya está. ¡Qué tranquilo se queda uno, oh!
—En la novela los protagonistas, Beatriz, una joven bloguera que va a cumplir dieciocho años y Rogelio, un afamado representante de grupos musicales, se llevan veinte años, ¿el amor no entiende de años y edades? ¿«El amor debe ser absoluto» como llega a decir Rogelio en la novela?
—Cuando plantee la historia pensé: ¿cómo se conocen una chica de 17 años y un tipo de 38? Rápidamente pensé en la música como nexo. Él es un ejecutivo y ella una bloguera. Fue perfecto, porque funcionó de inmediato. Él vende discos, pero no tiene ni idea de música, sólo sabe que tiene un producto. Ella en cambio sí ama la música, la conoce, la siente, ha ido a las raíces para saber de dónde vienen las cosas, no desprecia lo que se hacía antes (como la mayoría hace inconscientemente). Eran dos personajes antagónicos, opuestos en todo, y eso es lo hermoso del amor, lo que hace que sea una fuerza telúrica imprevisible, porque cuando se conocen... se sientan atraídos el uno por el otro, y eso ya es imparable. A través de la novela vemos como no hacen el amor hasta más allá de medio libro, porque no es una cuestión visceral, sino sentimental. No es un clásico libro de pasiones, ni un argumento tipo 'aquí te pillo aquí te mato'. No, son dos personas que se enfrentan a una decisión sublime. Se aman pero hay un abismo entre ellos. Por eso digo que el amor es absoluto, las feromonas se ponen a actuar y no hay quien las pare. Y la gente se enamora así igual a los 15 que a los 30, los 50 ¡o los 60! Perder la cabeza es lo más hermoso y a la vez inquietante del mundo.
Sólo tú no es únicamente una novela romántica sino que plantea otros muchos problemas de nuestro siglo, entre ellos la crisis del mundo de la música que es una de las grandes preocupaciones de la novela, ¿cómo ves el panorama de la industria musical?
—Fatal. Ya no existe el mundo de la música. Hace 40 años yo tenía cinco revistas de música y un programa de radio, viajaba con las estrellas del rock, las entrevistaba, cenaba con ellos, eran mis amigos. Me patee medio mundo así. Lo dejé todo en pleno éxito porque quería escribir novelas. Luego, poco a poco, he visto el deterioro, como cerraban las discográficas, como mis amigos se quedaban en el paro, como morían las tiendas de discos... Todo muy triste. Y la piratería. Ver tu disco (o mi libro) en un top manta, a dos euros, cuando tú sabes lo que te costó componerlo, grabarlo o editarlo... La gente pide cultura gratis y eso es una memez. Y más en España, que está el culo de Europa en comprensión lectora pero está en el top-10 de países más piratas. ¡Qué vergüenza! ¡Qué amargura! Yo tengo dos Fundaciones de ayuda a jóvenes que quieran escribir, trato de hacer una labor social (en la de Colombia, además, fomentamos la lectura y la cultura para erradicar la violencia). Cuando me roban a mí, están robando a niños que no tienen nada y a los que un libro puede salvar. Yo regalo libros, a instituciones, a bibliotecas, a la gente que viene a mi casa. Pero los regalo yo, cuándo y cómo quiero. No acepto que otro me lo robe. ¿Qué gana alguien copiando un libro entero para colgarlo en la red? Lo que ha sucedido con el mundo de la música empezó así. Yo tengo en mi casa 30.000 discos, y son maravillosos, son álbumes, fundas espectaculares hechas por grandes diseñadores, puedes tocarlos... Ahora todo está en un iPod, o peor, en You Tube. Esta generación oye música en un aparato que no va a educar su oído, así que habrá más ignorantes casuales, gente que no diferenciará un agudo de un grave, o un oboe de un corno, una Stratocaster de una Gibson o...
Por todo eso quería hablar de este mundo que muere y ya no volverá. Una pena. No sabéis lo que os estáis perdiendo, tíos y tías. No tenéis ni idea. Y sí, si no lo conocéis, no os importa (Ojos que no ven, corazón que no siente, dixit), pero los que hemos vivido y valoramos los dones de la vida...
También otro tema de la novela es la importancia que están adquiriendo los blogueros como Beatriz como nuevas voces críticas en la valoración de campos como la música o la literatura, ¿crees que benefician estas nuevas voces?
—Habría que hablar mucho de los blogs, y no quiero meterme en líos porque siempre se acaban malinterpretando mis palabras, por constructivas que sean (la gente no sé si sabe leer o se queda con lo que quiere quedarse, que suele ser lo negativo según su parecer). Por lo general los blogueros son gente sincera, que trata de hacer algo útil, pero hay comentarios viscerales, personas que no entienden lo que han leído, respuestas de lectores del blog que insultan escondidos en el anonimato del nick name. ¿De verdad una bloguera o un bloguero de 15 años puede juzgar una novela más allá del me gusta o no me gusta? Hay que haber leído mucho, mucho, para poder juzgar el trabajo de los demás. Yo estoy a favor de los blogs, pero incluso Beatriz, en el suyo, se carga al grupo que está promocionando Rogelio, y Rogelio reacciona con furia, porque si ese grupo no vende, la discográfica cierra. Esto lo considero grave, y más cuando la novela no se entiende o se malinterpreta. Cuando escribí Ocultos, donde hay un personaje inmortal que tiene una maldición (todas las mujeres han de enamorarse él), se escribió en algunos blogs que 'la historia de amor era débil'. ¡Pero si no había historia de amor! Si él tiene una maldición es lógico que la chica se enamore, pero punto. Y cuando publiqué Quizás mañana la palabra amor... alguien escribió que 'no se tragaba' (con estas palabras) que él se enamorara de ella a la primera. Pues mira, yo me he enamorado siempre así, a la primera, sin siquiera hablar con ella, con sólo verla. Y ha funcionado siempre. La vida da experiencia, leer ayuda, pero cuidado. Hay que respetar el trabajo ajeno. No basta con decir “me gusta o no me gusta”, que es a lo que hemos llegado con tantos facebuques y tantos tuiters (a X personas les GUSTA ESTO). En resumen: beneficios, sí. Pero cuidado. Sólo digo eso. No es un juego. Se puede hacer mucho daño inconscientemente.
¿Qué importancia crees que tienen en una novela como Sólo tú, y en general en la novela juvenil, los diálogos cortos y que la acción sea dinámica?
—Bueno, desde que empecé a escribir con 8 años siempre he escrito igual, es mi manera de hacerlo en la mayoría de mis 400 libros: capítulos cortos (como escenas de cine) y mucho, mucho diálogo. Es famosa ya mi frase: 'Lo que puedan decir dos personajes dialogando, que no lo cuente el narrador narrando'. Mis novelas están vivas, son intensas y directas por esa visceralidad, porque están llenas de sentimientos y de personajes vivos. Supongo que por so gustan a la mayoría y se venden tanto. Otra constante (que algunos blogs no entienden) es que apenas los dibujo, no los describo, para que el lector los imagine y los haga suyos. Eso y mis finales abruptos, para dejar al lector pidiendo más. Es mi manera de ser, guste o no.
En cuanto a la importancia de Sólo tú... Pues bueno, no es más que una novela, un entretenimiento. Es a lo máximo que aspiro como artista, que la gente se lo pase bien con mi obra. Si además les hago pensar un poco... mejor. Sobre si diálogos y capítulos cortos son también importantes... insisto, ni idea, yo escribo así. Supongo que esa manera de hacerlo ayuda a ir más rápido. Una parrafada de dos páginas puede ser infumable. Un diálogo de tres líneas puede decir mucho más que esa parrafada, que suena externa, mientras que el diálogo es interno.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Rocío Carmona: "He sentido que daba un pasito adelante"

Rocío Carmona sorprendió a lectores y crítica con su primera novela, La gramática del amor, un homenaje a la literatura en clave de viaje iniciático. Ahora, publica El corazón de Hannah, una historia en que las tradiciones de la comunidad amish le sirven de excusa para narrar con suspense y emoción un despertar al mundo y, por supuesto, a los sentimientos.

Entrevista de Care Santos

Lo primero que sorprende de El corazón de Hannah es que haya elegido a la comunidad Amish como protagonista de la novela. ¿Por qué ellos?
 
—Un amigo me trajo una revista alemana donde aparecía un artículo acerca de una mujer amish que había abandonado a su marido y a su comunidad para marcharse a Nueva York. La historia me impactó y ese fue el germen de la novela. Me pareció muy atractivo imaginar qué podría pasarle a una chica que ha vivido toda su vida en una comunidad muy religiosa y cerrada, en un contexto rural y con costumbres más propias de otra época, cuando de repente se ve en una sola en gran ciudad, alejada del mundo pequeño y lento que ha conocido hasta el momento.
 
¿Es una novela dickensiana por pretensión de su autora o porque así lo quería la historia? Y ya que estamos en el año en que se conmemoran los dos siglos del nacimiento del autor inglés: ¿Qué hay entre Dickens y usted?
 
—Algunos lectores están diciendo que la novela tiene cierto aire dickensiano por los constantes cambios de fortuna de la protagonista , y quizá por el estilo de algunos de los personajes. En todo caso, y salvando las distancias, si es así es porque la historia de Hannah lo requería. Es una novela de iniciación con experiencias muy chocantes para ella e impactantes para el lector. Y Dickens me encanta, como casi todos los novelistas victorianos. Creo que lo primero que leí de él fue una versión adaptada de Canción de Navidad cuando era niña. Me impactó tanto que todavía recuerdo la portada de color rojo y las ilustraciones en blanco y negro.
 
Es una novela con numerosos referentes literarios -también lo era su debut La gramática del amor y que parece volver la espalda a las modas imperantes. ¿Tiene algo que ver todo esto con su concepción de la literatura? 

—Me gusta que me hagan estas preguntas porque soy bastante espontánea en la forma en que me enfrento a esto de escribir, y no suelo plantearme nada de antemano. Escribo, simplemente. Lo que quizá ocurre es que amo tanto los libros, los vivo con tanta pasión y a la vez con tanta naturalidad, porque están en mi día a día desde siempre, que no puedo evitar hablar de ellos todo el tiempo. A menudo cuando me enfrento a una decisión o a un obstáculo me acuerdo de cierta escena de cierta novela, o pienso qué haría ese personaje en mi situación. Es como cuando uno se enamora y no para de hablar de lo guapa, lo inteligente y ocurrente que es su pareja. A mí me pasa con ciertos autores y ciertas obras, y luego esto se filtra en mis novelas. Más que una idea de la literatura es una especie de compulsión de la que no puedo escapar.

Dicen que la segunda novela es la decisiva para que un escritor pueda considerarse tal. ¿Qué sentía mientras la escribía?

—He sentido que daba un pasito adelante. Creo que aún me queda mucho por aprender, pero con esta novela me he notado más segura, con un mayor dominio de la historia y de la técnica. Y la verdad es que he disfrutado mucho.
 
¿Qué le pasará a un lector de 50 años que lea El corazón de Hannah

—Una de setenta y tres acaba de decirme que ha devorado la novela en ¡una sola noche! No lo sé, puede pasar que le entretenga y le sorprenda, que sufra con las idas y venidas de Hannah, que se alegre cuando las cosas le salen bien… O que no le guste. Las posibilidades son infinitas. La protagonista tiene dieciséis años pero creo que su historia puede interesar a cualquiera porque la peripecia que describe, el momento de paso hacia la madurez, es universal, a pesar de las diferencias culturales y geográficas.
 
¿Y qué le gustaría que se le pasara por la cabeza a uno de 15?

—Me gustaría que lo pasaran bien, que se metieran en la novela y se olvidaran de todo lo demás. Mi sueño es conseguir secuestrarlos de la realidad por unas horas.

viernes, 26 de octubre de 2012

Juan Eslava Galán: "Soy una fusión en frío de doña Ermengarda y Marmite"

Con sencillez, naturalidad y muchísimo sentido del humor, Juan Eslava Galán desvela en esta entrevista alguna de las claves de su última novela, Últimas pasiones del caballero Almafiera (Planeta), una aventura emparentada con aquella feliz En busca del unicornio, que nos devuelve al mejor y más auténtico Eslava: el de la novela histórica de ambientación medieval. Sus filias, la relación con sus lectores y, en especial, con sus personajes quedan en sus palabras al descubierto.

1212 es una de las escasas referencias históricas que todo español recuerda, ¿por qué?, ¿y por qué una celebración jovial y festiva de la batalla, que no una visión derrotista como es habitual, como tenemos de casi todos nuestros grandes acontecimientos históricos?
—Era una fecha fácil de recordar, doce-doce. Quería conmemorar la batalla que llevo toda la vida estudiando, pero ahora apenas hay lectores (hombres quiero decir) sino más bien lectoras. O sea, ya me hago un lío. No es que no haya lectores, por supuesto que los hay, pero no se entretienen en ese género ligero la novela, que se va quedando más bien para mujeres. Ellos están más centrados en lecturas más densas y conectadas con la realidad, como el Marca o el As, y en las profundas discusiones sobre temas ligueros que les concitan (y a las que los incitan).  Por lo tanto yo no quería hacer una novela de guerra y batallitas dirigida al ausente lector masculino. A las chicas, que son las lectoras, les preocupan los sentimientos. Inventé una historia de sentimientos y puse en ella muchas enseñanzas que a uno le ha ido dando la vida. Así como Madame Bovary era Flaubert (Madame Bovary cest moi) así yo soy una fusión en frío de doña Ermengarda y Marmite. 
Un libro de acción y aventuras trepidante, sin ripios ni cursilerías y con un rico vocabulario, rescatando no sólo palabras medievales, también desusadas como resultado de nuestra vida urbana. Este mínimo esfuerzo que se le pide al lector, en la que es quizás su novela mejor escrita o la más trabajada, ¿supone una protesta frente al empobrecimiento del lenguaje?, ¿reacción ante una tecnología de la información que se ha desarrollado mucho, pero no el contenido y la calidad de nuestros mensajes.
—No, yo no protesto ya por nada, o por casi nada. Me apetecía hacer un libro intenso, perfumado del castellano naciente y creciente de mis lecturas antiguas y me apliqué a ello con amor y perseverancia. Si ha salido bien, me congratulo y me doy por bien pagado.
Los protagonistas don Gualberto (Almafiera), su amada doña Eliabel de Nemours, doña Ermengarda y don Hugo de Tours, son extranjeros. ¿Por qué razón otorga tanto peso a unos guiris en un episodio bélico que consideramos plenamente hispano?
—Como estamos tan suspicaces con nuestras cuartas taifas (o sea, las 17 comunidades) no quería que nadie se sintiera halagado o zaherido por el origen de los personajes, así que todos guiris y aquí paz y después gloria. Aparte de que eso te permite ver el panorama nacional desde fuera.
Y la pregunta inevitable tras terminar esta maravilla, ¿en qué proyectos literarios e históricos estás trabajando ahora?
—Acabo de sacar Historia del mundo contada para escépticos que me ha dejado un poco para el arrastre. En cuanto me recomponga comenzaré el libro siguiente, que no sé todavía si será novela o ensayo.